
FOTO/MÍA
Por César Baeza Hidalgo
No toda acción debe considerarse física, me imagino. Hay actos, o hechos, que se derivan de las decisiones que tomamos que no siempre se pueden describir en tangible y que afectan a los que nos rodean. Sobre todo a quienes nos quieren. Por lo menos lo que me está dando vueltas en la cabeza es así.
Se dice que mientras menos ataduras tiene un ser humano, más cerca de la libertad se encuentra. La verdad es que parece que se cae de madura la frase, pero eso tiene muchas intríngulis. Mejor dicho, el enredo que se forma cuando tomamos decisiones que se supone que nos afectan sólo a nosotros es mayúsculo. A veces la culpa lo ronda a uno sin saber si al fin va a entrar y quedarse o la va a lograr dejar afuera.
Una de las cosas que me ha dado vueltas en la cabeza desde hace años es esa búsqueda de la libertad. Tratar de sacudirme de esas cosas que hacemos por compromiso, pero que en realidad no nos nace hacer de pura voluntad. Tratar de mirar hacia dónde quiero ir sin medir cuánto me puede costar o cuánto me puede doler. Generalmente cuando uno toma decisiones coherentes con lo que sueña, de alguna manera duele.
Y hasta funciona. Hasta que uno decide hacerse consciente de que a pesar de todo, la gente a tu alrededor se afecta. Es que aceptar que la gente sea como es y convivir con eso no es fácil. Si roncas, desordenas, habitas espacios que estaban destinados para la soledad, siempre afecta. El costo de la libertad en algunos aspectos, significa una esclavitud en otros. Es una búsqueda difícil y complicada, que no siempre es liberadora.
Las trampas del mundo de hoy, las tentaciones de la vida moderna, las noches al compás de un vino tinto, obligan a pensar en insumos que requieres para seguir adelante disfrutando de ellas. La comodidad tiene sus costos y múltiples caras. La búsqueda de la libertad es un laberinto que te acerca y te aleja simultáneamente.
En este momento, cuando la tormenta comienza a despejarse, siento que estoy a borde del precipicio, es una sensación extraña. Como caminar por un cerro en medio de una niebla espesa, de esas que no dejan ver más allá de tu nariz. Sabes que estás a punto de ver la luz, pero también sabes que a la misma distancia puede estar el barranco.
¿A quién recurres en esos momentos? Sobre todo cuando ya has abusado de tu libertad a costa de las angustias y comodidades de otros que se solidarizaron con tu causa. Siempre llega el momento de reconocer que tu causa es tuya, y que por mucho que te apoyen quienes te quieren, no tienen por qué pagar las consecuencias de lo que decides… cuando sientes que te acercas, el laberinto te lleva a otros cauces y otra vez te alejas.